A medida que se asciende en la cordillera, la vida se adapta de maneras sorprendentes a la altitud, el frío y la radiación ultravioleta. Los Andes argentinos albergan una biodiversidad extraordinaria.
La vida en los Andes argentinos desafía la intuición. Donde el clima parece prohibitivo, donde el frío y la altitud parecerían imponer el desierto biológico, la evolución ha encontrado estrategias de adaptación de una sofisticación sorprendente.
Los pisos altitudinales
La cordillera andina se organiza en franjas altitudinales con comunidades biológicas diferenciadas. A mayor altura, las condiciones se vuelven más extremas y la diversidad de especies disminuye, pero las adaptaciones se vuelven más específicas y extraordinarias.
La zona subandina, entre los 1.500 y 2.500 metros, alberga bosques de queñoa, bosques de pino del cerro y pastizales de altura. Por encima de los 3.000 metros se desarrolla la puna y la tundra altoandina.
La puna argentina
La puna del noroeste argentino, entre los 3.500 y 4.500 metros, es uno de los ecosistemas más particulares del continente. La vegetación de gramíneas duras —las ichus— domina el paisaje. Plantas en roseta, plantas almohadilladas y arbustos resinosos son las formas vitales predominantes.
Fauna emblemática de altura
El cóndor andino (Vultur gryphus) es quizás el símbolo más visible de las alturas. Con una envergadura que supera los tres metros, este carroñero puede planear sin batir las alas durante horas aprovechando las corrientes térmicas de la cordillera.
La vicuña, el guanaco, el puma y el zorro andino pueblan los distintos pisos de la cordillera. En el noroeste, la presencia de flamencos en las lagunas salinas de altura es uno de los espectáculos naturales más impactantes del continente.
Adaptaciones fisiológicas
Los animales de altura han desarrollado adaptaciones cardiovasculares y respiratorias que los científicos estudian con interés para comprender mejor las respuestas al estrés hipóxico también en el ser humano. La hemoglobina fetal persistente en algunos mamíferos andinos, con mayor afinidad por el oxígeno, es una de estas adaptaciones.
El montañista como observador
El tránsito cuidadoso por la montaña, respetando los periodos de nidificación de la fauna y evitando el daño de la flora, es parte de una ética montañística responsable. La naturaleza no es decorado; es el sistema de soporte de todo cuanto existe en la cordillera.



